A continuación publico fragmentos de “Una nueva perspectiva en el activismo por los derechos de los animales” de Andrés Cameselle, un libro con muchos elementos de interés en cuanto a la estrategia para defender el respeto a los animales.
PRÓLOGO A LA VERSIÓN EN CASTELLANO: INTRODUCCIÓN
Para empezar, quisiera expresar mi apoyo a todos aquellos que luchan contra la explotación, el asesinato y la utilización de seres sintientes. El hecho de que yo muestre ciertos desacuerdos con ciertas ideas, métodos o campañas no significa que subestime los esfuerzos de quienes los llevan a cabo. Cualquiera que desee ayudar a los animales debería alegrarse de ser criticado, de forma que pueda analizar mejor su trabajo y decidir si puede mejorar lo que está haciendo. Es muy triste ver que la actitud más extendida en relación a las críticas es: “Si no te gusta, no lo hagas. Tú haz lo tuyo, que yo haré lo mío”. De esta forma es imposible que el movimiento evolucione. De modo que si alguien está haciendo algo que pueda perjudicar a éste, no deberíamos callarnos. Igualmente, si alguien tiene una idea que pudiese mejorar nuestra efectividad, sus comentarios deberían ser bienvenidos, no descartados sin considerarlos realmente. Nadie es perfecto, y constantemente hacemos cosas que podrían ser mejoradas. Muchas veces nos damos cuenta nosotros mismos tras un tiempo, pero otras, simplemente no pensamos sobre ello hasta que alguien nos lo comenta. Aceptar que has hecho algo mal, o que lo podrías haber hecho mejor, no significa aceptar que eres malo o estúpido. De hecho, lo que demuestra una falta de brillantez es creer que todo lo que haces está bien y que no tienes nada que cambiar. La gente sabia se percata continuamente de que puede hacer las cosas mejor y evoluciona para mejorar su efectividad. […]
“BIENESTARISMO”: ¿UN PASO ADELANTE O ATRÁS?
[…] No queremos que la explotación y el asesinato sean regulados, queremos su abolición. Si los activistas antiesclavistas estadounidenses se hubiesen dedicado hace 150 años a conseguir que se golpease a los esclavos con látigos de un modo más moderado, en lugar de exigir la abolición de la esclavitud, estarían todavía hoy haciendo campañas para conseguirles un día libre a la semana.
Quizá sea cierto que existieron factores económicos que contribuyeron a esta abolición, pero éste, desde luego, no es el caso con la esclavitud de animales; ésta es muy rentable. Y para hacer que ello deje de ser así por medio del sabotaje económico, como algunos pretenden, necesitaríamos ser un enorme porcentaje de la población, poseyendo algún tipo de poderoso ejército. Esto, teniendo en cuenta la situación actual, parece más ciencia-ficción que algo mínimamente razonable.
Había también quien hacía campañas por un mejor trato de los esclavos. Pero parece más que probable que si se hubiesen dedicado a la abolición en lugar de la regulación, el cambio habría ocurrido mucho antes, y habría tenido un efecto mucho más profundo en la sociedad. […]
Los animales no son propiedades, no son recursos. Son individuos con el interés de disfrutar y vivir, y hacerlo de un modo libre de dolor, explotación o coacción. Nuestro interés en no sufrir viene determinado por nuestra capacidad de sentir dolor o malestar. Nuestro interés en vivir, y en hacerlo en libertad, es debido a nuestra capacidad de sentir satisfacción o placer. Al morir, nuestro interés por no sufrir desaparece, ya que no sentimos una vez muertos. Pero todas nuestras posibilidades de experimentar cualquier sensación positiva desaparecen. Esto es por lo que todos los seres con la capacidad de tener experiencias positivas deben tener el derecho a la vida. Esto ha de ser sumado al derecho a vivir sin sufrimiento y en libertad (la falta de ésta causa sufrimiento y no permite llevar a cabo actividades placenteras). […]
AMANTES DE LOS ANIMALES
Hay muchos activistas que se llama a sí mismos “amantes de los animales”, a la vez que instan a los demás a amar a los animales en lugar de matarlos. Esto resulta bastante inapropiado, ya que no se les puede pedir a los demás que sientan una cosa o la otra; lo único necesario es que la gente los respete y los deje en paz. Del mismo modo, al hablar de amor y no de justicia, estás haciendo que esto parezca un tema sentimental, en lugar de una cuestión ética de gran importancia. De hecho, la mayor parte de la gente que se acerca a los puestos informativos diciendo que aman a los animales resultan ser personas que comen carne o defienden la vivisección en el plano médico.
El uso de frases como “… estos bellos animales…”, o “… estas inteligentes criaturas” es común en el material informativo de muchas organizaciones. Utilizar tales términos como formas de hacer que su explotación parezca más inaceptable está claramente perjudicando más que ayudando. El hecho de que alguien sea bello es muy subjetivo, y no se entiende cómo puede ser peor explotar a alguien sólo por ser más guapo o bonito que otro alguien. […]
MÉTODOS DE HACER CAMPAÑAS
Las campañas deberían basarse (por lo menos en el momento actual) en la difusión de información y la creación de debate. […]
Lo importante es enseñar que los animales tienen valor por ellos mismos y que el hecho de dañarlos está mal en sí, por ser éstos seres sintientes, no porque sea malo para nosotros. Sugerir que el problema del abuso de animales es que causa el abuso de humanos es simple antropocentrismo.
Es cierto que nos debe preocupar el medio ambiente, ya que mueren animales como consecuencia de su destrucción, pero esto no quiere decir que lo debamos defender como una entidad sintiente: el medio no puede sentir, son los animales quienes lo hacen. Así que, de nuevo, podemos usar este argumento como algo secundario algunas veces, pero siempre recalcando que son los animales quienes importan. Debe ser subrayado que, aunque la destrucción ambiental mata animales, debemos centrarnos en las campañas contra el uso directo de éstos. Esto es porque a la gente le resultará mucho más fácil reconocer que los animales deben ser tratados igualitariamente a través del entendimiento de las consecuencias directas sobre éstos que sus hábitos tienen, en lugar de ver la situación en la que los animales se encuentran como un efecto indirecto de la mayoría de las cosas que hacen. Es también mucho más fácil para alguien cuestionarse su dieta, vestimenta y alguna que otra cosa más que el uso de todos los materiales plásticos, coches, tintas, papel… […]
ATAQUEMOS LA RAÍZ, NO LAS RAMAS
Como ya se ha mencionado, el caso de los derechos de los animales es principalmente una cuestión de cambiar la concepción social sobre los seres sintientes no-humanos. Esto significa que no se requiere sólo inhabilitar a unos pocos “abusadores de animales” de modo que no puedan seguir cometiendo atrocidades. Hoy en día, todo el mundo está de algún modo involucrado en la explotación de animales. En Inglaterra, el país con un mayor porcentaje de personas que no usan ningún producto de origen animal (incluyendo carne, leche, huevos, miel, cuero, etc.), el número de éstas ronda los 250.000, un muy pequeño porcentaje de la población […].En España el número es muchísimo más reducido. ¿Significa esto que el resto de la población son unos desalmados a quienes no les importa el sufrimiento y muerte de otros? ¿Cómo puede ser entonces que el número de gente que elige dietas exentas de productos animales por motivos éticos tienda a crecer? ¿Es acaso que antes eran terriblemente crueles y egoístas y que de repente se han convertido en gente buena y respetuosa? Quizás simplemente recibieron información que no tenían previamente y decidieron cambiar.
Sí, es cierto que la gente debería buscar información por sí misma, o cuestionarse su relación con los demás animales, pero si lo hiciese todo el mundo, no tendríamos que hacer campañas.
La mayoría de nosotros comía carne hasta que recibimos información de algún sitio, y no siempre buscándola. Y, por supuesto, sabíamos que “aquello” en nuestro plato era un animal, al igual que los vivisectores saben qué es “aquello” en su mesa. Pero no reflexionamos en profundidad suficiente sobre nuestra relación con los animales hasta que el dilema nos fue planteado. Algunos dejan de comer animales inmediatamente, a otros les lleva un tiempo. Y es más que probable que para alguien cuyo sustento se basa en el uso de animales (como un carnicero), será mucho más difícil aceptar que tal uso no es justificable, ya que le supondrá un cambio muy drástico (como se ha comentado antes, la concepción de la gente sobre lo que está bien o mal está inconscientemente muy ligada a lo que ello implica en sus vidas). Al decir esto no estoy diciendo que los explotadores de animales sean siempre inocentes. Lo que quiero expresar es que la gente no es como debería, y esto es algo que hemos de tener siempre presente al hacer campañas si no queremos caer en el fracaso. Por supuesto, a los animales no les importan las excusas que cada persona pueda dar para explotarlos, pero sí les importa ser explotados. Y, si queremos conseguir algo, deberíamos tratar de entender cómo piensa la gente, porque es el cambio de sus mentes lo único que puede hacer que la situación cambie. […]
No es que haya un reducido número de gente “perversa” […] que trabaja torturando animales con la oposición del resto de la sociedad. En cambio, es la demanda del resto de la sociedad lo que les ofrece un trabajo a esa gente. No es que se construyeran primero los mataderos, promoviéndose después el consumo de carne; por el contrario, habrá mataderos mientras exista una demanda del publico. Es ridículo considerar que el trabajador de un laboratorio que usa animales es peor que las personas que aceptan el uso de animales en investigación (que no son pocas), ya que la única razón para que los segundos no hagan lo que el primero es que él o ella estudió medicina o farmacología, mientras que los otros estudiaron filología, historia o ingeniería, por ejemplo.
Por medio del cierre de un laboratorio o una granja de cerdos, la cantidad de animales usados en experimentos no decrece, ni tampoco el número de animales ejecutados por su carne. Los experimentos serán realizados en otro sitio y la producción de la carne se llevará a cabo en otro sitio. Sólo cuando la demanda de carne decaiga, descenderá la producción. Y sólo cuando la gente se dé cuenta de que los animales deben tener derechos se dictará el fin de la vivisección. […]
DISCRIMINACIÓN HUMANA ENTRE NO-HUMANOS
En teoría, parece estar claro para la mayoría de los activistas que otros animales sufren tanto como los perros y los gatos. Pero, en la práctica, vemos que mucha más atención es prestada a su explotación o maltrato que al infligido a otros animales no-humanos. Esto puede ser observado en panfletos dedicados exclusivamente a perros y gatos en experimentos o en abundantes frases como “… incluso perros y gatos son utilizados”; al igual que en folletos sobre el uso de perros y gatos para la confección de abrigos, en un gran número de artículos dedicados a ellos… ¡incluso en un llamamiento de boicot a Corea por vender carne de estos animales! ¿Por qué no organizar un boicot contra Inglaterra por vender carne de bacalao, pollo o cerdo? Algunos arguyen que es por la forma en la que son matados, como si una trucha, una ternera o un pavo no sufriese enormemente cuando se le mata y cría. E incluso si ése fuera el caso (lo cual es falso casi con total seguridad), ésa sería una campaña “bienestarista”, consistente en reducir el sufrimiento de los seres explotados en lugar de abolir la explotación. Ésta está, obviamente, basada en diferencias culturales. Es simplemente una de esas campañas, como aquéllas contra las carnes “exóticas” (de canguro o avestruz, por ejemplo), que consiguen gran apoyo del público en países occidentales pero que no cuestionan realmente la actitud de los humanos para con otros animales (de ahí el apoyo que reciben). Incluso si el fin del tráfico de carne de perro y gato fuese posible relativamente pronto por medio de campañas de este tipo, éstas refuerzan la idea de que los animales de compañía son más importantes que los otros, haciendo el mensaje muy inconsistente, además de dificultar el entendimiento de la causa por los derechos de los animales. […]
VEGETARIANISMO Y VEGANISMO
[…] Es muy frustrante ver que grupos que promueven el vegetarianismo por razones éticas dan recetas que incluyen leche, huevos o miel. En algunos casos, puede ser comprensible que se omita cualquier mención a tales productos, pero algo muy distinto es promover su uso, sabiendo lo que hay detrás de su producción.
MANIFESTACIONES
[…] El objetivo de las manifestaciones se olvida en numerosas ocasiones. Manifestarse es una forma de hacer que tu voz se escuche y hacer saber a la gente qué estás diciendo. Pero para muchos es una forma de desahogar su ira, insultando y gritando (no me refiero a gritar consignas), como si eso fuese a ayudar a los animales. Para otros, es una buena oportunidad para causar daños a la propiedad de los “abusadores de animales”, lo cual, aparte de hacer que mucha gente no vaya a las manifestaciones, da una mala imagen al movimiento. Alguien que nunca se ha cuestionado el uso de animales difícilmente estará de acuerdo con atacar a quienes lo hacen. […]
También debemos tener en cuenta que si una manifestación va a consistir principalmente de un tipo determinado de personas (señoras mayores, jóvenes con peinados poco comunes, sólo hombres o sólo mujeres…), quizás sea mejor que no se realice, pues creará un estereotipo de los defensores de los derechos de los animales que excluye a ciertos miembros del público.
ACCIÓN DIRECTA
El término “acción directa” es normalmente engañoso, utilizándose sólo para referirse a la liberación de animales con tus propias manos, destrucción de propiedad o cosas similares. Yo afirmaría que lograr que alguien se haga vegetariano es acción directa, pues salvas animales directamente de ese modo. Y si esto no es considerado “directo”, tampoco podrá serlo la rotura de un escaparate, al no involucrar esto a ningún animal en la acción en sí. Poner puestos es acción directa, interrumpir un desfile de peletería es acción directa, encerrarte en una jaula en la calle como método de protesta es acción directa. Quizás no veas a los animales que has salvado correr libremente a tu alrededor, pero puedes estar seguro de que sí los has salvado. La acción directa no quiere decir que exista el riesgo de ser encarcelado ni que tenga que ser algo necesariamente ilegal. De todos modos, para ahorrar esta explicación cada vez que use el término, me referiré al concepto expresado con él por la mayoría de los activistas como “acción directa” (o sea, el uso de actividades ilegales como rescatar animales, romper escaparates o quemar camiones de carnicerías).
El uso de la “acción directa” con objetivos de defensa de los animales está aceptado entre muchos activistas, lo cual es bastante comprensible. El problema es que este tema se ha vuelto un tabú para muchos (sobre todo en países donde tales acciones son habituales), nadie puede criticar ninguna acción sin ser visto como un traidor. Y, desde luego, no todas las acciones son positivas. […]
Algunas acciones son muy útiles y sus resultados son magníficos. Un ejemplo de esto puede ser filmar dentro de granjas o laboratorios para mostrar las imágenes al público. Rescatar simbólicamente algún animal, como ejemplos vivientes de cómo sufren allí, puede ser bueno también.
Pero rescatar animales en grandes cantidades (o no tan grandes, pero si no se usan para hacer campañas) es en la mayoría de los casos una no muy buena idea. Esto se debe a que el perro rescatado de un laboratorio, por ejemplo, será simplemente reemplazado. El experimento no se abandonará a consecuencia de esa acción en la mayoría de los casos. Eso significa que se salva a un animal, pero simplemente condenando a otro a pasar por lo que el primero había sufrido ya. Esto no se puede decir que sea salvar animales (en términos numéricos). Se ha salvado a aquel individuo, pero no un animal. Hay unas pocas excepciones a esto […].
Aún así, intentar conseguir la liberación animal de tal modo parece no sólo terriblemente lento sino imposible. Y no olvidemos que esos animales rescatados necesitan atención, lo que hace que muchos activistas gasten su tiempo cuidando unos pocos individuos en lugar de salvar a millones por medio de campañas (y lo mismo ocurre con el dinero gastado en santuarios - lugares donde se cuida y mantiene en las mejores condiciones posibles a animales rescatados).
Y es a la hora de causar daños materiales donde nos encontramos ante un mayor problema. Para empezar, en la mayoría de los casos el daño se ve cubierto por un seguro, o la compañía tiene dinero suficiente para cubrirlo fácilmente (por ejemplo, para McDonald’s la rotura de un cristal es como perder un céntimo para la mayoría de nosotros). Para continuar, incluso si conseguimos cerrar un negocio, como una carnicería o un laboratorio), los consumidores simplemente comprarán carne en el supermercado y los experimentos se realizarán en otras instalaciones. Y finalmente, hasta que exista una amplia conciencia social sobre un tema (lo cual no quiere decir que todo el mundo tenga que estar necesariamente de acuerdo), el uso de tales acciones simplemente pondrá a la gente en tu contra. […]
Hay activistas que dicen: “A los animales les importa un pimiento la opinión pública”. Esto es difícil de creer, cuando es precisamente la opinión pública la causa de la explotación de animales.
En general, los activistas deberían darse cuenta del valor que tienen y entender que pueden salvar muchos más animales realizando campañas informativas que con la mayoría de la “acción directa”. Al fin y al cabo, nuestra efectividad es enormemente reducida en la cárcel. Aunque debe ser subrayado otra vez que, si la información que se va a desvelar es de gran importancia y el riesgo que se corre es pequeño (en cuanto a ser capturado y la posible condena), acciones de este tipo pueden ser muy útiles.
La “acción directa” destructiva es especialmente perniciosa en lugares donde el mensaje del movimiento no es generalmente conocido (en realidad, esto es en todo el mundo, pero más incluso fuera de Inglaterra y EEUU). Si la gente no ha oído hablar jamás de por qué deben tener derechos los animales y lo primero que oyen es que hay gente quemando establecimientos, no escucharán tus argumentos, pues te considerarán un terrorista. Un claro ejemplo de esto es Suecia, donde, para el público, decir que eres vegano significa que eres lo que ellos llaman “un militante vegano” (aunque parece que esto va mejorando), o sea, un miembro del Frente de Liberación Animal (un grupo indefinido de individuos que, por todo el mundo, se dedican a rescatar animales y a practicar el sabotaje económico por medio de la destrucción de propiedad de explotadores de animales). Esto parece deberse a una acción años atrás que fue firmada con spray con tal nombre. Muchos activistas de diferentes países con buenas intenciones están llevando a cabo esta clase de acciones en un intento de ayudar a los animales todo lo posible, sin percatarse de que les están haciendo un estrecho favor.
Para otros, la acción directa es simplemente un modo de alimentar su ego; salir por ahí por la noche con un pasamontañas, destruyendo cosas, huyendo de la policía…¡esto es la guerra! ¡Qué aventura! Y que nadie se atreva a criticarlos, o serán tachados de “blandos” […] o traidores.
Es algo extendido el pensar que aquellos que usan la acción directa dan más por los animales que otros. Esto carece de sentido. Hay gente que usa la “acción directa” y se pasa el resto del tiempo en el bar o no haciendo mucho por los animales. Y hay gente que no usa ese tipo de “acción directa” y que se pasan cada minuto de sus vidas escribiendo, leyendo, poniendo puestos, haciendo pancartas o paneles, dando charlas, ruedas de prensa…Y si el primero es apresado, “era muy dedicado y dio su libertad por los animales” (quizás haciendo algo que en general no les beneficiaba en absoluto). El segundo será considerado un “blando” por no arriesgar su libertad. Pero en realidad, muchos de éstos no sólo la arriesgan, sino que renuncian a ella por completo, ya que no tienen casi tiempo para sí mismos debido a su absoluta dedicación. […]
Algunos activistas dicen: “Sí, poner puestos es importante, pero tienes que enfrentarte a los “abusadores de animales”". Uno se pregunta por qué. Si el enfrentamiento salva más animales, debe practicarse, si no, no.
CREANDO ENEMIGOS DE FORMA INNECESARIA
Algunos grupos utilizan técnicas como criticar o apoyar a ciertos políticos en relación con su actitud sobre “temas animales”. Otros usan métodos sexistas para llamar la atención del público. Estas y otras tácticas parecen algo peligrosas, ya que pueden poner a gente en tu contra no por lo que dices, sino por cómo haces las cosas. Es una pena que alguien no se nos una o que se oponga a nosotros por cosas que no están directamente relacionadas con nuestros planteamientos.
Si criticamos a un partido político es muy posible que la gente que lo apoye se ponga contra nosotros. Lo mismo ocurre con alguien que rechaza el sexismo y que nos vea haciendo un acto sexista en la calle (usando chicas “sexis”, por ejemplo, para llamar la atención del público). Y en este último caso se preguntarán por qué estamos contra la explotación de los animales no-humanos y no de las mujeres.
Como movimiento nos debemos mantener neutrales en aspectos que no involucren a otros animales. Como mucho, podemos condenar el sexismo o el racismo, ya que el paralelismo con la base de nuestra ideología (igualdad entre seres que sienten) es bastante obvio. Pero no deberíamos incluir tales temas a no ser que sean útiles a la hora de explicar nuestra postura, y, desde luego, no otros temas, ya que simplemente reduce la cantidad de gente que se quiera involucrar. Si requieres que para estar contra el abuso de los animales debes estar contra muchas otras cosas, el camino que la gente ha de seguir hacia tal convicción se vuelve más y más estrecho.
Mucha gente dice que “todo está relacionado”, y que todas las luchas (las que ellos creen correctas, por supuesto) deberían estar unificadas. Para empezar, la prioridad de la abolición de la esclavitud y del asesinato de los animales no-humanos debería ser algo que estuviese claro como el agua para cualquiera que no sea especista. El número de víctimas que son torturadas y ejecutadas, el sufrimiento indescriptible al que son sometidas, y el hecho de que sean criaturas totalmente inocentes e indefensas cuya explotación es completamente ignorada, hace que cualquier comparación con la “liberación humana” resulte insultante para los otros animales. Esto no quiere decir que el sufrimiento y muerte de humanos importe menos, sino que, si contamos el número de individuos implicados, la prioridad parece obvia. También, decir que existe la lucha “por los derechos de los animales”, además de “otras” luchas es claramente antropocéntrico, ya que éstas sólo afectan a los humanos. Si aceptamos que tales luchas son varias, tendríamos que hablar de la lucha contra el uso de sardinas en experimentos, para comida y en acuarios también como luchas diferentes, no una sola.
En segundo lugar, si de modo especista alguien decide luchar por “otras causas”, que forme otro grupo relativo a ese tema y que trabaje en él. Pero que no espere que todo el mundo que está de acuerdo con que los animales deban tener derechos tenga que estar de acuerdo también en todo lo demás con él o ella.
Cuanto más variado sea el tipo de gente al que llegamos, mejor. A muchos les preocupa seriamente trabajar con gente cuya ideología (aparte de lo relacionado con los animales) no concuerda con la suya. No nos dedicamos a esta lucha porque nos guste la gente en ella, esperemos. Lo hacemos porque creemos que es lo correcto. Y debemos trabajar con gente que nos gusta y gente que nos disgusta. […]
Deberíamos intentar que toda la gente posible trabajase cuanto pudiese para ayudar a los animales, y nadie tiene el derecho de decir: “No, yo prefiero que se mueran animales antes que trabajar contigo”. Esto, desde luego, demuestra no estar a favor de la consideración igualitaria de los intereses de los animales.
EPÍLOGO
Para obtener una idea más clara de lo tratado en este artículo, quisiera resumir en unas pocas palabras las cuestiones más importantes:
- Para conseguir un cambio significativo en la sociedad, debemos encarar el problema tal y como lo que es, sin usar argumentos que son sólo provisionalmente convenientes, los cuales socavan el desarrollo de la causa que tratamos, abandonando el argumento real: otros animales también experimentan placer, satisfacción, dolor y malestar; por lo tanto, ignorar o infravalorar sus intereses es éticamente injustificable.
- Regular la explotación no hace nada por su abolición; por el contrario, impide ésta al aceptar de algún modo el uso de animales mientras sean mejor tratados.
- Aquello por lo que luchamos es una cuestión de justicia, no de pasión o amor. Muchos animales que no despiertan tales sentimientos en muchos de nosotros sienten tanto como los que sí lo hacen.
- Luchar contra las consecuencias en lugar del origen del problema sólo malgasta recursos que deberían ser usados en hacer que la gente reflexione sobre el tema. Al mismo tiempo, desvía la atención del problema original, haciendo que éste parezca consistir de unos pocos “lugares perversos” y “perversos individuos” en lugar de algo que nos involucra a todos directamente.
- No debemos perder la perspectiva y habremos de escoger aquéllas campañas que salven más animales a largo plazo. Los animales que existen hoy son un minúsculo porcentaje de aquellos que serán matados y torturados en los próximos siglos o milenios. Prestar atención excesiva a quienes sufren ahora es condenar a millones de animales a sufrir la misma suerte. No podemos salvarlos a todos, ¡pero salvemos a todos aquellos que podamos!
- El resultado de cada acción debería ser cuidadosamente medido, pues un paso en la dirección equivocada puede ser muy perjudicial para los animales. Nuestro enfoque ha de ser a largo plazo, no dejando que la impaciencia nos lleve a hacer cosas que pueden ser muy perniciosas más tarde.
- La lucha por los derechos de los animales es para todos aquellos que honestamente desean ayudar a los animales. Todo el mundo puede encontrar la forma de incluir estas ideas en su mentalidad. […]